Mientras que la Diosa es la Madre de los Granos, la Señora de la Abundancia que derrama sus bendiciones sobre la tierra, el Dios se va convertiendo en el Señor de las Sombras llevándonos hacia nuestro propio interior.
Como es un Sabbat que trae el misterio del sacrificio, es un momento adecuado para reflexionar sobre cómo nuestro compromiso y pequeños sacrificios personales garantizan la abundancia en las cosechas de nuestra vida. De la misma manera que la semilla necesita pudrirse para germinar en la tierra, es gracias a los procesos de cambio en nuestra vida que maduramos y podemos acercarnos a lo que queremos ser.

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